Llevo varios días preguntándome a dónde se me ha ido el rumbo en mi vida. Preguntándome si hace años que vivo de prestado, cometiendo equivocación tras equivocación, y provocando errores cada vez más graves cuando intento subsanar el defectuoso rumbo de mi vida. Y, en ocasiones, contables con los dedos de las manos, pero existentes, encontrando auténticas joyas en mi vida. Son tan bellas, pero tan pocas, que a veces siento deseos de encerrarlas en un joyero para que no se me escapen nunca; pero sé que así acabaría perdiéndolas. Vivo con miedo a perder las poquitas cosas hermosas que tengo.

A veces pienso que soy un ser dividido en dos; porque a una mitad de mí le van muy bien las cosas, pero a la otra mitad le falla absolutamente todo. El desequilibrio es tal que río y lloro a la vez: porque aunque la mitad que es feliz lo es de forma superlativa, la otra mitad envidia constantemente la felicidad de la primera. ¿Cómo se puede tener envidia de uno mismo?


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